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A LOS SEIS MESES

A veces siento como si hubiera diferentes categorías de duelos.

A veces siento como que la sociedad reacciona, cuando reacciona…, de forma diferente según la pérdida. Según quien se ha ido. Según quien y a qué edad se haya muerto.

Seguimos sin saber sostener con naturalidad y orden la ausencia del que se va.

Nadie te acompaña, más allá de al inicio, porque para ellos y ellas el conocer la noticia también les supone un shock, una pérdida, un “no me lo esperaba”.

Pero luego andas sola, vaciando la casa de tus padres; vaciando lo que estaba lleno de olores, de colores, de risas, de alegría, de vida. Vaciando lo que ellos llenaron día, a día, con ilusión y tenacidad, constancia y confianza.

Abres armarios de la ropa de tu padre, fallecido hace seis meses y todavía le hueles.

Abres los cajones de la mesita de noche de tu madre, fallecida también hace seis meses y encuentras cartas,

Cartas escritas entre ellos, pensamientos narrados sobre papel con sello de La Falange. Y lees y lloras y recuerdas que ellos habían sido novios y se escribían cartas a mano, con bolígrafo y papel, con sobres y sellos y esperaban unos dias a recibirlas y otros tantos a contestarlas.

Y eso forma parte de su historia de vida y también de la tuya, porque son tus padres, las raíces que te anclan a la tierra. Que te dan sentido y te resignifican.

Duele porque ya no están pero porque ya no están, lees sus cartas de amor.

Y en este tránsito tan íntimo nadie te acompaña porque nadie entiende de emociones íntimas y del significado que te deja la ausencia de tus padres.

Porque es íntima la relación de uno con su padre y sigue siendo íntima la relación de una con su madre. Es íntima y personal la relación con el recuerdo de sus palabras , conversaciones, diálogos, risas y consejos.

¿Qué ocurre a los seis meses? A los seis meses lo que pasa es ya se ha disuelto la consternación inicial, el sentirse raro en la piel de la pérdida y hace ya tiempo que no les ves y les echas de menos.

Aunque al tener una edad natural para morir parece que no sea legítimo el sentir la “falta”. Parece que como han traspasado a una edad natural , en plena vejez, sea natural pasar un proceso de duelo rápido y efímero.

“Ya eran mayores” dicen unos. “Bueno, ya les tocaba” dicen otros.

Evidentemente, eran mayores y como que somos finitos, ya les iba tocando levantar el vuelo.

Un vuelo que decidieron hacer juntos, hace seis meses, un vuelo que decidieron levantar casi al mismo tiempo para que el proceso de duelo también fuera conjunto.  Decidieron irse juntos dejándonos un vacío grande y profundo; el de la ausencia repentina de los padres.

El vacío que representa la falta de los padres, cuando estos se van juntos.

Un vacío que se convierte en un frio helado cuando entras por última vez a casa de tus padres, sin tus padres.

Y a todo este proceso íntimo, discreto, profundo, humilde y tranquilo, nadie te acompaña. Porque no se puede acompañar emocionalmente con tanta profundidad. Algunos se acuerdan y todavía te preguntan por cómo estas, cómo lo llevas y tu lo agradeces.

Porque en el proceso de duelo tan solo el doliente sabe de ritmos, tan sólo una misma puede acompañar su dolor y la sanación de este.

Barcelona, 23 de abril 2026

 

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