Se fueron juntos este verano.
La fragilidad de la vejez y la vulnerabilidad del final de vida les unió más, durante esta última década.
Y en la ausencia que queda tras su muerte, encontramos la calma y la ternura del alma.

A los veinte años se conocieron y a los veinte y uno, se prometieron.
Encontramos, entre los recuerdos de mis padres, una carta-petición de mano, entre el abuelo paterno y la abuela materna.
Una carta en la que mi abuelo paterno le pedía permiso a mi abuela materna para que su hijo entablara relación de noviazgo con su hija.
Allá por el año, 1955. Y desde entonces vivieron juntos compartiendo ilusiones y proyectos.
Setenta y un años juntos, cuidándose y ocupándose uno del otro. Reflejándose y espejándose mútuamente y construyendo un mundo propio, el de los dos.
Ahora, nosotras habitamos su ausencia.
Carentes de sus palabras y abrazos habitamos el silencio que queda tras la muerte. Habitamos el espacio vacío de sus cuerpos, respondemos a sus peticiones hechas en vida, valoramos cómo transcenderles y honramos el vacío que nos ha quedado.

Decidieron marcharse juntos atravesando procesos de muerte distintos pero ambos muy dulces. Habitando el final de vida con discreción y serenidad.
Nos dejan un legado importante, el de honrar su existencia y trascender al amor con el que nos han amado.
Feliz vuelo !!
Barcelona, 20 septiembre 2025.









