¿Pues sabeis que és verdad?
Desde mi profesión como trabajadora social en salud mental he trabajado durante muchos años con mujeres que sufrían auténticos procesos depresivos porqué los hijos se hacían mayores y abandonaban el hogar familiar.
Clínicamente, los profesionales entendíamos que aquellas mujeres que toda la vida se habían dedicado a cuidar de la familia, por arriba, en medio y por abajo, o sea, padres y suegros, pareja e hijos y nietos cuando los mayores, envejecen y mueren y los jóvenes abandonan el hogar sentían un vacio que las llevaba a deprimirse y sentirse sumidas en una sensación de gran inutilidad.

Nuestra generación, al menos la mia, la de los sesenta, somos en general mujeres con una carrera profesional, con ambiciones culturales, aficiones de todo tipo, ilusión por viajar y por conocer nuevos lugares, nuevos países y nuevas personas y relaciones de todo tipo. Curioseamos el mundo y le sacamos jugo, provecho, conocimiento y aprendizaje.
La jubilación parcial, la prejubilación o la jubilación total la solemos vivir con la alegría de iniciar, si la salud nos lo permite, una etapa de jubileo y disfrute como su nombre indica y su significado etimológico nos viene a descubrir.
Disfrute y felicidad tras una vida vivida plena y consciente. Disfrute y felicidad que te permite la experiencia del vivir y la práctica del sentir
Pero, no nos engañemos, hay algo que sí se queda vacío !
Y que te invita a sentir esa sensación de nido vacío, de útero vacío.
El hecho de cuidar, de dar vida, de alimentar, criar y sostener de tus crías, de tus polluelos.
Ciertamente los proyectos que iniciamos en esta etapa de la vida tienen mucho de cuidar, alimentar, desarrollar y hacer crecer.
Pero carecen de algo básico en la relación materno-filial: sentirse única e imprescindible.
En ese juego de miradas entre madre y bebé, nos construimos como madres y se construye nuestra identidad maternal.
Ese juego de miradas, esa relación de necesidad y necesitada no sé da en los proyectos que podamos iniciar o crear en esta etapa de la vida.
Y ahí, sí que se siente el nido vacio el vacío del nido.
Sostengamos pues, con gracia y salero este vacio y os animo a llenarlo de todo aquello que os haga sentiros únicas y bellamente imprescindibles.
Feliz domingo !
Barcelona, 20 de enero de 2026










